La industria aeronáutica está bajo presiones para reducir las emisiones de CO2, sin embargo, la popularidad de este transporte continúa creciendo y no encontramos la tecnología necesaria para resolver el dilema que se propone: continuar volando, aumentando las emisiones, reducir las emisiones optando por otras opciones.
La acción aeronáutica contribuye alrededor del 2% al total de las emisiones globales y se anticipa un aumento de esta cifra. Además, la Asociación Internacional de Aviación pronostica que el número de pasajeros aumentará a 8.200 millones para el año 2037, lo que supone una mayor demanda en cuanto a vuelos y al número de aeronaves necesarias para abastecer esta demanda.

Sin embargo, para 2050, la Unión Europea se plantea reducir las emisiones de CO2 hasta un 75%, así como otros compuestos, como óxidos de nitrógeno en un 90%. Además, el acuerdo internacional por la reducción y eliminación del Carbono de la Aviación Internacional, acordado por más de 70 países, entrará en vigencia en 2020.
¿Qué podemos hacer para reducir la huella de carbono en el medio de la aviación?
Los principales fabricantes de motores aéreos afirman que llevan mas de 10 años en desarrollo de nuevos propulsores más eficientes en consumo de combustible, con lo que que se busca llegar a reducir en pocos años un 25% de las emisiones actuales.
También se ha estado apuntando estos últimos años hacia la posibilidad de la creación de un avión eléctrico, muy lejos de momento, pero que sin embargo, ha comenzado a crear unas expectativas hacia la creación de un avión híbrido, que podría desarrollarse hacia 2025.
Irrumpieron con fuerza las posibilidades de utilizar biocombustibles, hechos de plantas o desechos animales, que están cogiendo fuerza como combustible alternativo a corto plazo, pero no es una alternativa viable a nivel global, ya que no se disponen de los recursos suficiente ni si quiera para una sola de las tantas aerolíneas que encontramos.
En definitiva, existen alternativas para deshacernos del uso de combustibles contaminantes, pero no a corto plazo. Debemos dejar un margen para que las innovaciones aeronáuticas prosperen y a la hora de la verdad, puedan ser seguras en su uso.